5 años no son nada…

por | 13 May 2022

Aquellos días había un dato que me rondaba recurrentemente: “El 80% de las empresas de nueva creación quiebran en los primeros cinco años”. Era una de las conclusiones que, el año que esta publicación veía la luz, se extraía de un  informe de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). “Y el 30% no superan el primer año de actividad”, añadía.

Hay quien, con su mejor voluntad, me recomendaba que no lo hiciera. ¿Una revista en papel cuando prácticamente todo tiende al entorno digital? “Qué locura”. Era razonable, incluso probable, y lo asumí. En un país como este –en el que la obsesión para muchos es acceder al funcionariado–, emprender en un sector maduro, copado por grandes empresas editoras y con licencias de cabeceras internacionales, no parecía nada recomendable. Yo tampoco se lo recomendaría a alguien a quien apreciara de verdad.

Pero en todo emprendimiento hay un punto de “locura”. Si en aquel momento me dicen que, además de la crisis  sistémica en la que se encontraban ya los medios de comunicación, íbamos a atravesar durante los primeros años una pandemia como no hubo otra desde un siglo atrás, una guerra en suelo europeo y una crisis de materias primas agudizada por otra energética, quizá no lo habría hecho. Sin embargo, ahora, me alegra no haberlo sabido.

Y nació. Han pasado ya cinco años desde que un 24 de abril llegaran ejemplares de Influencers a los principales quioscos de España. La acogida y la repercusión mediática fueron mayores de lo previsto. Había quien afirmaba que no sacaríamos un segundo número. Pero de momento, aquí estamos, ‘amigo’.

En estos años he aprendido que emprender significa equivocarse, pero que no intentarlo es la mayor equivocación; que no errar es una quimera y que la  experiencia hace que me equivoque cada vez mejor.

En un número conmemorativo como es este, tiene mucho sentido homenajear a una profesión que está siendo injustamente denostada. ¿De qué se enterarían los ciudadanos si no fuera por los medios de comunicación? ¿A dónde recurrieron en un momento de crisis como el de la pandemia, si no fue a los medios tradicionales, habida cuenta del cisco en el que se habían convertido las redes sociales difundiendo bulos interesados sin ningún tipo de control?

Frente a esa jungla en la que se han convertido las redes sociales, en las que hay muchos comunicadores digitales –que no periodistas–, actuando bajo pseudónimos para cargar contra posiciones contrarias, Vicente Vallés encarna el rigor periodístico. Si más de tres millones de paisanos siguen cada noche su informativo de las 21 horas no es por casualidad. Él ha sufrido en primera persona la necesidad de no ceder ante las numerosas amenazas que irrumpen en la profesión y ha puesto en valor el sentido del trabajo periodístico. Incluso, cuando un partido político –miembro del Gobierno de coalición actual– puso sobre él la diana en uno de sus vídeos promocionales.

Vallés defiende como pocos el derecho de los ciudadanos de estar informados, incluso el de aquellos que denostan sarcástica e injustamente a toda una profesión ejercida bajo presiones políticas o empresariales.

Por nuestra parte, seguiremos poniendo el foco sobre las personas verdaderamente influyentes –más allá de su pericia con las redes sociales–, y volcándonos con un lector que prefiere profundizar en los referentes que ofrece una publicación en papel en lugar de suscribirse a vídeos de YouTube o de Twitch.

Aquel informe de la OCDE concluía también que diez años después de la creación de las empresas tan solo el 10% sobrevivían. Con toda la humildad, vamos a por ellos.

 

Carta publicada en el Nº 35 de la revista Influencers

 

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