El buscador apuesta por esta tecnología para los próximos años y busca en ella su rentabilidad.
En enero, Baidu fichó a Qi Lu, un reputado experto en Inteligencia Artificial procedente de Microsoft (donde fue vicepresidente), para liderar el futuro de la compañía. Un futuro confiado a la automatización «para mejorar los productos existentes y acelerar el desarrollo de nuevas iniciativas de negocio activadas por IA», en palabras del propio Lu. El movimiento parece acertado, a la vista de los resultados económicos del primer trimestre del año, con caídas en los beneficios y un fuerte aumento de los costes destinados al funcionamiento de la propia empresa.
Las ganancias de Baidu han caído un 9,3%, hasta los 264 millones de dólares. Sus costes han crecido del 8,7% de 2016 al 15,6%. Se explica por su apuesta por iQiyi, un servicio de vídeo en streaming al estilo de YouTube con el que confían obtener ingresos a través de modalidades de suscripción que siguen el modelo de Netflix. Con esta compañía estadounidense han firmado recientemente un acuerdo de distribución, lo que entorpece la entrada del gigante de las series en un mercado esencial como el chino, pero garantiza que aun así sacará algo de dinero (una estrategia similar a la seguida por Uber, que optó por vender su filial china a cambio de un porcentaje de la empresa resultante). La dificultad de muchas tecnológicas por operar en China lleva a seguir estos modelos.
Baidu, a pesar de estas cifras, confía en que su apuesta por la Inteligencia Artificial dé sus frutos a largo plazo. Sobre todo si consigue estabilizar sus cuentas gracias a nuevos servicios basados en la automatización y en la optimización de los recursos disponibles. «En los próximos trimestres intensificaremos nuestros esfuerzos en la aplicación de la Inteligencia Artificial para mejorar los productos existentes y acelerar el desarrollo de nuevas iniciativas de negocio activadas por IA», resumió Qi Lu. Una apuesta a largo plazo que deja a esta caída de la rentabilidad como una anécdota. O como una inversión de futuro.
Miguel Ángel Ossorio Vega
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