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El Euríbor comienza a dar bandazos al alza y asusta a los hipotecados

Pedro Ruiz| 15 de noviembre de 2021

Los últimos meses han sido agotadores para los consumidores. Al enorme incremento del precio de la luz, los combustibles o las materias primas se le unió una especie de psicosis del desabastecimiento. Pero, como siempre, todavía puede ser peor. Y es que en los próximos meses podría unirse a la fiesta un invitado inesperado, y casi olvidado, el Euríbor. El índice al que están supeditadas casi la totalidad de las hipotecas en España parece despertar de un largo letargo. En los últimos días ha registrado algunos movimientos bruscos que podrían consolidar su alza próximamente.

El pasado 11 de noviembre, el índice de referencia para la gran mayoría de hipotecas del país subió de golpe un 3,63%. El segundo movimiento al alza más fuerte en todo el 2021. Una señal evidente de que los inversores, y con ellos los bancos, empiezan a desconfiar seriamente tanto de los bancos centrales como de su control de la inflación. Al fin y al cabo, los índices como el Euríbor se mueven al alza o a la baja en función de si las tasas impuestas por el regulador bancario, el Banco Central Europeo en este caso, suben o bajan.

Pero esta vez parece diferente. Por un lado, el máximo responsable en materia de política monetaria europea, Christine Lagarde en el caso del BCE, no han dejado de lanzar mensajes para cimentar la idea de que la subida de tipos se hará, como estaba previsto, mucho más adelante. Quizás a comienzos de 2024. Antes, en 2023 podría iniciar el camino la Reserva Federal, según las intenciones primigenias de su presidente, Jerome Powell. Aunque los inversores no están demasiado convencidos. “Durante el último mes, los inversores se han movido para adelantar sus expectativas a que se subirán las tasas de interés antes de tiempo”, se explicaba desde The Economist.

 

LAGARDE OBLIGADA A INTERVENIR FRENTE A LOS MERCADOS

Ese primer conato de obstinación de los mercados tuvo su reflejo en la evolución tanto del Euríbor como de los intereses de la deuda pública. Ambos están muy íntimamente ligados al precio del dinero. De hecho, la facilidad de depósito actual del BCE, que está en el -0,5%, ha sido prácticamente el valor del índice durante el último año y medio. Por su parte, esa presión a la baja se ha hecho sentir en el precio de los bonos europeos a 10 años, los cuales (incluidos los españoles) llegaron a caer hasta territorio negativo por primera vez en la historia.

Aunque fue el 29 de octubre cuando realmente se produjo ese primer conato de ajuste ante las nuevas perspectivas. Ese mismo día, el Euríbor se disparó un 3,81%, en el que fue el mayor movimiento al alza en todo el año, y provocó que en pocos días el índice saltase bruscamente hasta valores no vistos desde septiembre de 2020, -0,44%. Un oscilación excesivamente tosca para una referencia muy poco sensible que alarmó a la propia Lagarde. Entre otras cosas, además, porque también supuso un salto en el precio de los intereses de la deuda pública.

Tanto fue así que la propia presidenta del BCE se vio obligada a intervenir. “Lagarde presionó contra las expectativas del mercado de que los aumentos en las tasas de interés podrían comenzar tan pronto como en la segunda mitad de 2022 (…) al señalar que un aumento temprano sería inconsistente con la orientación dada por el banco”, explicaba una tribuna en The Economist. La FED también tuvo que salir al quite en EE.UU. ante el crecimiento inesperado de los intereses de su deuda pública.

 

SE LOGRÓ FRENAR EL EURÍBOR, PERO POR POCO TIEMPO

La clave en cuanto al Euríbor es entender cómo se genera su valor. De hecho, su cálculo es bastante curioso. Cada día laborable, Reuters solicita a los bancos que envíen sus tipos de interés interbancario, los márgenes a los que se prestan las entidades, antes de las 10:45 de la mañana. Luego, a las 11, la agencia lo tasa de tal manera que elimina el 15% más alto y el 15% más bajo de los tipos proporcionados por los bancos. Finalmente se redondea al dato con tres decimales más cercano al valor promedio y lo hace público.

Por ello, las expectativas que lanza el BCE son tan importantes. Al fin y al cabo, da señales a los bancos para que hagan sus cálculos a la hora de prestar el dinero. También por ello, las palabras de Lagarde tuvieron el efecto esperado: congelar las nuevas expectativas de alza y, con ello, la revalorización del Euríbor. De hecho, el índice hizo un giro violento a la inversa. El día 2 de noviembre retrocedía un 4% y al siguiente día hasta un 4,56%, posteriormente, el día 5, caía otro 3,56% para, finalmente, cerrar esa senda a la baja el día 8, con un 1,21% adicional que le situaba en el -0,501.

En otras palabras, que en pocos días los bancos que establecen el precio del índice lo volvieron a situar en el rango de la facilidad de depósito. Pero ese giro ha durado poco. En las últimas tres sesiones se han vuelto a producir subidas y el pasado día 11 de noviembre los bancos remitieron a Reuters la segunda mayor mejora del año en el margen con el que se prestan. Un hecho que no solo es un toque de atención, sino que puede ser el viraje que se estaba esperando.

 

EL DESAFÍO PARA LOS BANCOS CENTRALES PUEDE SER MÁS PROFUNDO DE LO PREVISTO

Al respecto, Bloomberg explicó recientemente que no se creía del todo que el BCE estuviera tan seguro del efecto “estacional” de la inflación. Y que eso mismo es lo que está haciendo a los inversores dudar. En concreto, el modelo de Bloomberg Economist muestra que si el regulador bancario hubiera aceptado plenamente esa narrativa “respondería a un impacto en los ingresos flexibilizando la política monetaria, guiando a los mercados hacia un despegue posterior de las tasas de interés y reduciendo las tasas de interés sin riesgo”.

Pero no parece que esté siendo así. “En cambio, lo que vemos es que los mercados han adelantado las expectativas de subidas de tipos y toda la curva de rendimiento se ha movido hacia arriba, una subida que probablemente refleja en parte la reducción de los riesgos de cola relacionados con el virus a medida que avanzaba el año y mejoraba la economía mundial. Pero el cambio también puede señalar un desafío más profundo al que se enfrentan los bancos centrales: es posible que la orientación futura ya no funcione como solía hacerlo”, razonan desde Bloomberg.

Una disyuntiva que a medida que aparecen nuevos datos de inflación refuerza la idea de que los bancos centrales deberán actuar. De hecho, ese fuerte incremento del pasado 11 de noviembre se dio después de conocerse los datos históricamente altos del IPC de Estados Unidos. En concreto, el índice de precios subió en octubre hasta el 6,2%, su peor dato desde 1990. La respuesta de que el culpable es el precio de la energía ya no se sostiene; de hecho, la alimentación y las rentas también están detrás. Y lo peor: Si se mantiene la tendencia iniciada a finales de la primavera, y consolidada en verano, la inflación seguirá alta el año próximo.

 

UNA INFLACIÓN ELEVADA SEGUIRÁ PRESIONANDO AL ALZA AL EURÍBOR

Europa y España también parecen asediadas por la inflación. Y esos datos está detrás del primer acelerón del Euríbor a finales de octubre. Así, el día 28, el Instituto Nacional de Estadística (INE) publicó que el IPC en el país alcanzó el 5,5% respecto al año pasado, una cota que no se veía desde septiembre de 1992. Además, el índice de precios encadenó hasta ocho meses consecutivos de ascensos debido al precio de la energía, pero también a los cuellos de botella de la oferta. Ahora viene la parte más delicada: Si ese aumento se contagia a la rentas y salarios la inflación podría desbocarse de manera estructural.

Para entonces el BCE deberá actuar, aunque probablemente ya sea tarde. Mientras los acontecimientos se desarrollan, curiosamente, la banca sigue tirando la casa por la ventana en cuanto a vender hipotecas a tipo fijo. Quizás, la última ofensiva que se pueda esperar a estos precios (y en este formato) si finalmente el Euríbor empieza a dar la vuelta. Un escenario que las entidades europeas llevan varios años prediciendo, pero que parece que no llega. Quizás ahora, cuando prevén lo contrario, llegue.

No se sabe bien que pasará próximamente. Los banqueros centrales parecían convencidos de que tenían la situación controlada. Las entidades creían en la capacidad de los anteriores, y los inversores también lo hacían aunque ahora parece que cada vez menos. A medida que el escepticismo empiece a llegar a los responsables de la banca europea, el Euríbor puede volver a ser protagonista del día a día de los ciudadanos. ¡Lo que faltaba! pensará más de uno recordando la famosa Ley de Murphy. Aunque mejor que se quede ahí y no haya que recordar a Peter O’Toole para el que Murphy era “demasiado optimista”.

 

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