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La escasez de gas en Europa está creando una guerra en el Mediterráneo

Pedro Ruiz| 23 de agosto de 2022

A estas alturas, todavía poca gente conoce el nombre de Hassan Nasrallah. Aunque eso puede estar a punto de cambiar más pronto que tarde. Y es que el líder de Hezbolá, un movimiento chiíta respaldado por Irán con sede en el sur del Líbano, está preparado para iniciar una guerra contra Israel. Algo que, por otro lado, no es nuevo, aunque sí las razones. La confrontación no tiene que ver con temas eidéticos como la religión, sino algo más material como el gas. También el escenario, ya que el enfrentamiento puede darse cerca de la frontera española, ya que sería una guerra en el Mediterráneo

En concreto, la ubicación geográfica de la disputa es la de un pequeño triángulo de mar cuyo uno de los vértices está justo situado en la frontera entre Israel y Líbano. Mientras, los otros dos puntos de dicha figura geométrica se ubican dentro del Mediterráneo varios cientos de kilómetros por debajo de Chipre. Aunque obviamente es esa primera posición la que está generando las hostilidades, ya que ambos países reclaman como suyos los derechos de exploración en esa región. Un subsuelo que según las estimaciones contiene una importante reserva de gas natural, quizá la materia prima más buscada en estos momentos.

 

LA GUERRA EN EL MEDITERRÁNEO ESTÁ CADA VEZ MÁS CERCA

De ahí, entonces que la disputa está cada vez más subiendo de tono. A principios de julio, tres drones fueron lanzados por Hezbolá hacia un campo de gas conocido como Karish (en hebreo, tiburón), a unos 90 km de la costa de Israel, parcialmente dentro del área en disputa. Una empresa de propiedad griega, Energean, que opera con una licencia israelí, está a punto de explotar el campo. Los misiles israelíes interceptaron y destruyeron los drones, pero el mensaje fue claro: ‘Israel no debe comenzar a extraer gas el próximo mes, como había planeado’.

Pero la tensión más allá de calmarse solo ha ido en aumento. El pasado 9 de agosto Nasrallah advirtió de que “cualquier brazo” que se extienda para robarle al Líbano su riqueza “será cortado”. El mensaje ha terminado por hacer saltar todas las alarmas. Y es que a pesar de que el líder de Hezbolá no tiene un papel oficial en el gobierno del Líbano, podría decirse que “es el hombre más poderoso del país”, según se explica desde The Economist. Además, el grupo militar podría verse tentado a atacar. 

“Entablar una pelea con Israel por los derechos de exploración en alta mar es una forma conveniente de afirmar que existe una ‘ocupación israelí’ del mar y que los arsenales de cohetes de Hezbolá están justificados. No significa que Hezbolá quiera una guerra en el Mediterráneo, pero podría convertirse en una”, advirtió ante la prensa recientemente Tamir Hayman, excomandante de la inteligencia militar israelí que ahora dirige el Instituto de Estudios de Seguridad Nacional en Tel Aviv. De hecho, es una de las grandes preocupaciones de los funcionarios tanto del Líbano como de Israel.

 

LAS NECESIDADES DE GAS ACRECENTAN LAS TENSIONES

Un problema añadido importante es que Hezbolá se ha convertido en un grupo paramilitar más que competente. De hecho, se la reconoce como una fuerza más poderosa y sofisticada que el ejército libanés, con un potente arsenal de cohetes y drones suministrados principalmente por Irán. Eso no le convierte en una potencia, y ni mucho menos es rival para Israel, pero sí le convierte en un enemigo incómodo capaz de causar un gran número de bajas. En especial, si los enfrentamientos pasan del mar a la calles del Líbano, dónde ambos contendientes dejaron de guerrear hace década y media.

De hecho, a pesar de que Hezbolá y el ejército israelí todavía mantienen enfrentamientos constantes. En especial, a la hora de atacar lugares neurálgicos de uno y otro bando como pueden ser arsenales o convoyes de armas y principalmente en Siria. Ambos llegaron a una especie de acuerdo no firmado para no llevar la guerra a las calles libanesas. Sobre todo, los israelíes, después de una terrible campaña contra los militantes de la región allá por 2006

Pero ahora, la situación podría cambiar. Y no solo porque Hezbolá esté necesitado de reclamar más atención después de haber ido perdiendo influencia entre la población libanesa. También porque lo que está en juego tiene una recompensa muy valiosa dada la difícil situación por la que atraviesa Europa en cuanto a la disponibilidad de gas. De hecho, crear la infraestructura y operar esos campos podría generar los recursos suficientes para que la región vuelva a crecer y prosperar. Pero dadas las tensiones, pocas empresas estarán dispuestas a ello.

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