Del ESG a la educación: la inversión social levanta tanto interés como dudas

por | 26 May 2022

Hasta hace relativamente poco, la industria de las inversión solo tenía un requisito: convertir el dinero en más dinero. El truco no era (ni es, ni tampoco lo será) nada fácil, de hecho, la basta existencias de activos, desde acciones a bonos, desde edificios de oficinas a plantaciones de trigo, lo convirtió en algo realmente difícil. Aun así, el sector parecía seguir ese camino sin hacerse demasiadas preguntas. Ahora todo está cambiando con la inversión social. Y más que lo hará próximamente a medida que los inversores se cuestionan la base de la industria que parecía inamovible.

Esas preguntas van desde el salario de los gestores a lo que aportan las empresas en las que invierten a la sociedad. Incluye, obviamente, los planes de esas compañías para hacer del mundo un sitio mejor y cuidar al planeta. Una gran parte de esas preocupaciones se agrupan en la actualidad bajo las siglas ESG, que se refieren a factores ambientales, sociales y de gobernanza, y que ahora son el pilar de una nueva forma de inversión que cada vez atrae a más inversores. También está obligando a las empresas a repensar muchas de sus actuaciones.

Así, el ESG se ha convertido en la gran referencia de la megatendencia de inversión de ‘Sociedad y Demografía’. Una gigantesca corriente de fondos que se circunscribe a los los avances tecnológicos y los cambios demográficos que continúan cambiando nuestra sociedad y la forma en que vivimos. Pero este tipo de inversión parece distinta del resto. Al fin y al cabo, su misión última no parece ser la obtención de grandes rentabilidades, sino apoyar la transición hacia un mundo mejor. Aunque eso no es del todo cierto, y es que la idea es que las empresas que apuestan por este tipo de valores terminan por ser más rentables y duraderas.

 

LOS DOS GRANDES PROBLEMAS DE LA INVERSIÓN SOCIAL

El crecimiento de este tipo de inversión ha sido imparable. Morningstar, un gigante que sigue de cerca los datos del sector, tiene catalogados más de 2.000 fondos que cumplen con criterios ESG que suman más de 75.000 millones de euros en activos colectivos en todo el mundo. El problema es que la gran mayoría de esos vehículos de inversión tienen apenas tres años de antigüedad, lo que les adentra a muchos en número rojos, mientras que aquellos que son anti-ESG llevan disparados, al menos, cerca de un año y medio. La situación es frustrante para muchos inversores.

La idea de hacer avanzar al capitalismo hacía la dirección correcta implica sacar rendimientos tanto del camino como de la meta. En otras palabras, se asume que aquellos que no siguen esos criterios tiene un “prima por el pecado cometido” que las hace menos rentables. Pero los datos parecen desmontarlo. Así, en un estudio publicado en 2017, David Blitz de Robeco Asset Management y Frank Fabozzi de EDHEC Business School argumentaron que no hay evidencia de que las acciones ‘en pecado’ proporcionen una prima por el riesgo de reputación. Ahora las cifras son aun mayores.

Otro problema es ¿qué es realmente el ESG? Y ¿Qué vende la industria? Un ejemplo cercano es Iberdrola. La energética es una de las mayores empresas de energía renovables, pero la persona que ostenta el poder, Ignacio Sánchez Galán, no solo acumula tanto poder que va en contra de cualquier criterio en materia de Gobernanza, sino que está acusado de delitos muy graves. Eso se extiende cambios en empresas y activos. Sin ir más lejos, los cambios de decisiones con el gas. Y lo anterior es lo fácil, ya que lo verdaderamente complicado es valorar la “S” de social.

 

La gran mayoría de fondos ESG tienen apenas tres años de antigüedad, lo que les adentra a muchos en número rojos

 

Un trabajo que es tan titánica que hasta las empresas que se dedican a ello están siendo desbordadas. Otro ejemplo sencillo es de los bancos. Las firmas que avanzan en la digitalización han tenido que ejecutar miles de salidas para ajustar sus plantillas a los nuevos tiempos. Pero la pregunta es, ¿en qué debería fijarse un inversor? ¿En los despidos o en qué las entidades se acoplen a la nueva realidad social? La línea es tan fina que en muchas ocasiones no se puede dar una respuesta objetiva y acaba siendo opinión. Con el paso del tiempo muchas categorías se irán consolidando y los criterios serán más fáciles de medir. Pero hasta entonces, los inversores deberán ser cautos y desconfiar de cada sello que ponga ESG.

 

MÁS ALLÁ DEL ESG: LLUVIA DE MILLONES EN EDUCACIÓN

El ESG parece haber absorbido cualquier categoría dentro de esta tendencia, pero hay otras que son tan rentables como sociales. Una de las más importante es la educación. Además, también está en pleno auge por la reconversión del mundo. Un camino en la que la privada le ha ido ganando la partida a la pública cada por la falta de recursos y competencias. Una victoria sencilla en dos campos principales: la universidad y la formación profesional. Aunque también es cierto que ambos territorios todavía pertenecen al capital privado y no hay tanta oferta pública para invertir.

Para entender ese boom vivido por el sector de la educación se puede acudir a la lluvia de millones vivida en España. En 2019, CVC entró en el accionariado de la Universidad Alfonso X El Sabio, tras abonar hasta 1.100 millones de euros. Antes, el fondo Permira desembolsó 770 millones por la Universidad Europea. El propio CVC también compró The Valley Digital Business School en 2021. Un año, el pasado, prolífico. KKR compró Medac, una red de 30 centros de FP, por 200 millones, Master D por 150 millones y, por último, ITEP.

Y la lista continua: Investindustrial compró Campus Training en noviembre de 2020 y después adquirió Ceac y Deusto por 60 millones a grupo Planeta. También Capza compró IMF Business School por 50 millones, Acon hizo lo propio con Formación Alcalá. Y en el plano nacional destaca Magnum Capital que creó el grupo educativo Digital Talent a raíz de la compra de ISDI en agosto de 2020 por 35 millones de euros para después sumarle ISDE. En definitiva, esos movimientos denotan que será un sector clave desde ahora en adelante.

El artículo puede leerse en el especial de Megatendencias publicado en la revista Influencers.

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Pedro Ruiz

Pedro Ruiz

Riaza (Segovia), 1990. Licenciado en periodismo, Graduado en Economía y Máster en Marketing Digital y e-commerce. Periodista especializado en traducir las (a veces) tediosas cuentas de las empresas en historias. Nunca nada ocurre por casualidad, ese siempre es el punto de partida.
  

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