La conspiración de los pajes

por | 11 Mar 2022

Tengo la certeza de que todos los que ocupamos puestos de responsabilidad encontraremos muy recomendable la lectura de los trabajos del genial Jared Diamond sobre cómo actuaron en el pasado las diferentes organizaciones humanas ante situaciones de crisis y cambio.

Es bien cierto que no hay nada nuevo bajo el sol, o como dicen nuestros hermanos marroquíes, no hay nada oculto entre el cielo y la tierra. Desde que el Homo sapiens empezó su dramática aventura por este valle de lágrimas, hace decenas de miles de años, todas cuantas situaciones se puedan imaginar han sido vividas ya por nuestros antepasados. Y de ellas podemos extraer conclusiones que, adecuadas al entorno actual, servirán para liderar nuestras organizaciones hacia la visión que aglutinó al equipo humano objeto de nuestro esfuerzo.

No he encontrado mejor analogía aplicable a las personas que ocupan altos cargos en determinadas organizaciones empresariales (aunque seguro que la hay) derivadas de las circunstancias aciagas que nos han tocado vivir en los últimos tiempos, que ciertos sucesos acaecidos en el efímero imperio de Alejandro de Macedonia allá por el año 330 a. C. Me ha extrañado la poca atención que el profesor Diamond dedica a este coloso de la Antigüedad, que, según mi modesta opinión, debería ser estudiado en todas las escuelas de negocios como ejemplo de una construcción social humana que murió víctima de su propio éxito.

Salvando las enormes diferencias que existen en todos los ámbitos, cualquier líder de una organización de la era postcovid se verá identificado con el monarca de la casa Argéada cuando viva (si no lo ha vivido ya) una ʻconspiración de los pajesʼ dentro de su organización. Veamos qué quiero decir con esto.

Alejandro Magno tuvo una formación excepcional para su época. No en vano su mentor, y el de los nobles macedonios de su edad, fue el genial Aristóteles. El propio rey Filipo le dijo al príncipe que la mejor herencia que podía dejarle era una buena formación, más que tierras o riquezas. Ocurrió, no obstante, que cuando todos daban por hecha la sucesión del rey y su vieja guardia de mano de Alejandro y sus nobles, el viejo Filipo se enamoró y desposó de una joven mujer que quedó encinta y dio a luz a un rival al trono.

Este terremoto provocó que las desavenencias entre padre e hijo terminasen en el destierro de Alejandro junto con sus jóvenes acólitos, que la exreina Olimpia interpretase este castigo como el prolegómeno de una traición a su hijo en la sucesión del trono y complotase para asesinar a Filipo, lo cual sucedió. Y a raíz de su muerte, también fueron asesinados la joven madre y su retoño. Alejandro ascendió al trono de Macedonia rodeado de una cohorte de jóvenes y formados nobles que fueron capaces de acaudillar a las diferentes ciudades-estado griegas y acometer la invasión del colosal Imperio persa, secular enemigo del mundo helenístico.

Fruto de la juventud del nuevo aparato macedonio, su formación académica excepcional —tanto en las artes de la política como militares— y el saber hacer de un líder visionario, en pocos años la mitad del territorio del Gran Rey Darío cayó en manos de Alejandro el Grande. Cuando entraron en Babilonia, capital aqueménida, y se desposaron con las princesas e hijas de los grandes sátrapas, parecía que su victoria era total y que habían conseguido llegar al final de su objetivo. Eso pensaron todos. Menos Alejandro. Y he aquí el primer error del liderazgo, defraudar expectativas.

«Si ya han comenzado las conspiraciones de pajes en su organización, no pierda más tiempo: el momento de actuar ha llegado ya»

Los éxitos de Issos y Gaugamela se lograron en base a un costo y esfuerzos tan tremendos que la estructura que hizo posible la conquista llegó exhausta a la mitad del camino pensando que habían llegado al final. Pero para el hijo de Filipo aquello no era el final. Por eso, cuando el Gran Rey Darío le ofrece a Alejandro la mitad de su Imperio y la mano de su hija Estatira para nombrarle heredero de todo cuando él muera, y este rechaza el ofrecimiento, los generales de Alejandro se sorprenden e inquietan. “No me has ofrecido nada que ya no posea” —respondió el Magno a Darío— “y al igual que la tierra no tiene dos soles, Asia no tendrá dos reyes”.

Esta última declaración cayó como un jarro de agua fría sobre los acomodados griegos y macedonios que ocupaban las más ricas satrapías del Imperio y explotaban a los persas como esclavos y seres inferiores. ¿Continuar la conquista hacia la India cuando ya habían alcanzado la gloria? ¿Compartir las mieles de la victoria con unos seres inferiores, casarse con ellos, tener hijos bastardos con ellos y compartir el botín con ellos? ¿Es que Alejandro se había vuelto loco? El segundo gran error del genial conquistador fue pensar que quienes habían secundado su visión, cuando nada tenían, iban a arriesgarse de nuevo cuando lo habían conseguido todo, en pos de una quimera cuyos riesgos no compensaban los beneficios que hipotéticamente se podrían generar.

“Si los griegos no quieren seguirme, entonces seguiré adelante con mis asiáticos”. Así dice la Historia que respondió Alejandro Magno a sus soldados macedonios a orillas del Indo cuando estos se negaron a continuar avanzando. Tercer error. Y último. La vieja guardia que hizo posible la visión del líder se volverá contra él si ven en peligro sus logros. La visión solo cumplirá su cometido aglutinador hasta el momento en que colme las aspiraciones generadas en el colectivo. Y después de esto, cualquier veleidad de un iluminado será motivo de peligro para el statu quo. Germinará la ʻconspiración de los pajesʼ.

Si usted lidera una empresa u organización que ha conseguido sobrevivir al covid-19 debe saber, con todo el dolor de su corazón, que seguramente gran parte de los equipos que le han llevado hasta aquí no serán los que llevarán a la organización a la nueva meta. Estarán exhaustos la mayoría y, seguramente, acomodados los cuadros intermedios. Si les exige cruzar el Indo, y tiene posibilidad de hacer una conjura, lo harán —poniendo en peligro la visión de la organización—. Suponiendo que usted la tenga, porque también cabe la posibilidad de que usted lograse cruzar el Indo, pero no sea la persona que los nuevos tiempos necesitan.

Si tiene claro que sí lo es, y que su visión está aglutinando nuevas mesnadas, tendrá que luchar con las resistencias que impiden avanzar y transformar. No será posible reconvertir en muchos casos. Toca cortar. Es momento de dar paso a los ‘asiáticos’. Pero también cabe la posibilidad de que no le corresponda a usted guiar la nueva etapa. Toca entonces enfrentarse a la desagradable tarea de dar un paso al lado y permitir que nuevas personas en los nuevos tiempos tomen las riendas. Porque si no se hace, Alejandro Magno morirá y, tras él, el Imperio se descompondrá víctima de luchas intestinas. Víctima de su propio éxito. Si ya han comenzado las conspiraciones de pajes en su organización, no pierda más tiempo: el momento de actuar ha llegado ya.

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Juan Gonzalez Herrero

Juan Gonzalez Herrero

Economista y empresario, Juan González Herrero es presidente de Herrero Brigantina SA y Country Manager de The Pembroke & Grosvenor Management LTD. Licenciado en Económicas por la Universidad de Oviedo y MBA por IDE-CESM, cuenta con la certificación del ‘Fintech Programme’ de la Universidad de Oxford, entre otras.
  

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