León XIV, el papa de Madrid
La capital enloqueció con la visita del papa, sumando cifras de récord que ya forman parte de la historia de la ciudad. Repasamos los hitos de una visita que ha consolidado a León XIV como el papa de Madrid.
Sábado 6 de junio de 2026. A las 10:30 horas, el vuelo de ITA Airways procedente de Roma con Su Santidad a bordo aterrizó en el Aeropuerto Adolfo Suárez-Madrid Barajas, donde el papa León XIV fue recibido por los Reyes de España. Era la primera vez en 15 años que un papa pisaba suelo español. Y la ocasión ha desatado la locura.
En apenas tres días, Robert Francis Prevost, León XIV, se ha metido a Madrid, y a España, en el bolsillo. Su aparente timidez saltó por los aires desde el primer momento, demostrando que es un pastor que no solo no rehúye el calor de la gente, sino que lo busca. Y así lo ha demostrado desde que, el mismo sábado por la mañana, se subiera a bordo del papamóvil para recorrer las calles de Madrid, abarrotadas de fieles, curiosos y turistas para saludarlo y llevarse una fotografía de recuerdo.

Daba igual de qué punto de los trayectos anunciados por la Archidiócesis de Madrid se tratase: las mareas de gente aparecían poco a poco de la nada, pertrechadas con banderas, pancartas y una ilusión desbordante que ganaba decibelios al paso de la comitiva de motos y coches de policía, furgonetas, el inseparable coche de la televisión que retransmitía cada minuto del papa en Madrid y, por supuesto, el papamóvil, un modelo de la marca Mercedes con apertura en los laterales y traído a España a bordo de un A400M del Ejército del Aire apenas unos días antes.
El particular garaje traído desde el Vaticano incluía dos papamóviles y una berlina BMW que también recorrió las calles de Madrid en algunos de los trayectos, con un León XIV a bordo que no dudó en llevar la ventanilla bajada para saludar a los fieles, apostados siempre a ambos lados de la calzada por la que pasara y con la firme intención de llevarse una mirada, un saludo o, los más afortunados, la bendición para sus bebés. En Telecinco contaron casi un centenar de bendiciones solo el sábado. León XIV se ha ganado a generaciones enteras para siempre.
Cifras para la historia
Ciertamente, si algo ha hecho el papa durante su paso por Madrid ha sido darse baños de masas. A saber: 1,2 millones de personas en la multitudinaria e histórica misa en Cibeles, 500.000 jóvenes en la vigilia de la Plaza de Lima, 70.000 personas en el espectáculo diocesano del estadio Santiago Bernabéu, 12.000 personas en la muestra cultural en el Movistar Arena y al menos otros 12.000 voluntarios reunidos en un pabellón de IFEMA para despedir al papa antes de tomar su vuelo a Barcelona.
Resulta imposible contar, por el contrario, cuántas miles de personas se acumulaban en las calles para ver pasar al papa, en un encuentro de apenas unos segundos que, para los presentes, durará toda la vida. Porque, créanme, ese saludo fugaz pervive en el corazón, especialmente si se ha compartido con los que más quieres.

Y es que el papa es, probablemente, la única figura mundial capaz de unirnos a todos al menos por unos días. El único que ha puesto de acuerdo al Parlamento español, habitual escenario de vergonzosos encontronazos que intoxican a la sociedad. El único que ha puesto de acuerdo a las calles de Madrid, colapsadas por las brutales medidas de seguridad (alrededor de 15.000 policías velando sin descanso por la tranquilidad de todos y la seguridad del papa) y, a pesar de ello, radiantes de felicidad (en parte, por la drástica reducción de los atascos). El único que ha conquistado las cadenas de televisión sin mucho esfuerzo: todas levantaron su programación habitual para acercarse en directo a cada palabra y gesto de León XIV. El único, en definitiva, que nos ha ganado, a pesar de que también vino a darnos algún que otro tirón de orejas. Quizás su forma de hacerlo, con el amor y el respeto por delante, sean la razón por la que incluso esto es bien recibido: en realidad, nos pone delante un espejo en el que mirar nuestras miserias sin juzgarlas ni juzgarnos, pero, simplemente, animándonos a limpiarlas.
Paz, inclusión y esperanza
La visita del papa ha España no ha sido un viaje pastoral más. El papa ha traído esperanza a un país que está dejando de creer en sí mismo, a pesar de que la realidad diga lo contrario. España es el país de Europa cuya economía crece a mayor ritmo, y uno de los países occidentales que lideran el crecimiento global. Y, a pesar de ello y del innegable crecimiento de la calidad de vida, España sigue enfrascada en una peligrosa polarización que ya es signo de los tiempos. De ahí que cada palabra de León XIV se pueda ver como una semilla plantada para fomentar una paz social que creíamos perdida.

El papa ha llamado a los españoles, pero también al resto del mundo usando España como altavoz, a unirse para superar los retos del presente y del futuro. A no seguir polarizando a la sociedad. A acoger y respetar a todas las personas por igual, independientemente de su situación o procedencia. A ‘alzar la mirada’ para entender que hay algo más grande que las tiranteces del día a día. Merece la pena escuchar cada discurso y homilía de León XIV en España: son magisterio vivo para convertirnos en lámparas de paz, algo más necesario que nunca.
El papa nos ha devuelto la esperanza. Y lo ha hecho con una visita intensa, llena de momentos emotivos que quedarán para la historia, que continúa en Barcelona y las islas Canarias. Demostrando que en absoluto es tímido o distante, sino una persona cercana, agradable y firmemente comprometida con su pueblo. Y ese ‘pueblo’ es, ahora, también Madrid, que lo recordará para siempre como ‘su’ papa: el hombre que vino a traernos la paz o, al menos, a pedirnos que la sembremos. Hagamos caso a León XIV. Dejemos que nos cambie la vida.