Luis Tosar: «El cine de género no suele tener mucha suerte»

por | 13 Sep 2022

El parado de Los lunes al sol, el maltratador de Te doy mis ojos, el presidiario de Celda 211, el psicópata de Mientras duermesLuis Tosar ha encarnado a algunos de los personajes más carismáticos de nuestro cine en lo que va de siglo.

Trabajador incansable, suele estrenar –mínimo– tres títulos al año (casi todo películas, aunque se deja caer también en series como Los últimos de Midas o Hasta el cielo) desde que empezase a dedicarse a la interpretación allá por los años 90, cuando hacía de payaso en cumpleaños particulares mientras soñaba con ser actor de cine. Su labor se ha visto recompensada con multitud de premios (incluyendo tres Goyas, una Concha de Plata y el Premio Honorífico de Málaga) y el reconocimiento de crítica y público. También ha tenido tiempo de ejercer de productor (tiene la productora ZircoZine junto a su socio, el codirector de Mad Cool, Farruco Castromán), cómico (en el trío The Magical Brothers), doblador (desde películas de animación hasta videojuegos) y hasta cantante de rock (publicó en 2011 un disco homónimo con su grupo, Di Elas). Todo compaginado con su paternidad (es padre de dos hijos) y su  compromiso con las causas sociales (fue de las caras más visibles en la plataforma Nunca Máis, creada tras el naufragio del petrolero Prestige en la costa de su Galicia natal, o en movimientos como el ‘No a la guerra’, nacido como rechazo a la Guerra de Irak de 2003).

Tu carrera como actor arranca en los 90, con un buen número de cortometrajes y papeles episódicos en series televisivas. ¿Cómo se ganaba la vida aquel Luis Tosar veinteañero? ¿Te daba para vivir o lo tenías que compaginar con otros trabajos?

Sí, me daba para vivir, pero haciendo muchas cosas. Adyacentes al mundo de la interpretación, pero que tenían que ver más con servicios. Eran trabajos de payaso de cumpleaños, animaciones en bautizos y comuniones, y cosas por el estilo. Eso daba para vivir, porque estaba muy bien pagado. Y luego, lo que tenía más que ver con el puro oficio de actor, que a mí me apetecía hacer y hacia donde quería enfocar mi trayectoria, estaba peor remunerado: era teatro con grupos muy independientes –muy amateur al principio–, haciendo actuaciones en locales y salas alternativas para buscar el hueco donde hacerte un sitio en la profesión, muchas veces sin cobrar nada, simplemente por mostrar tu forma de actuar. Era tener una parte alimenticia y luego la parte puramente vocacional.

Tu primer papel importante para televisión es el de Andrés Domínguez en la serie Mareas vivas (1998). ¿Te dio ya cierta relevancia en Galicia?

¡Sí! De hecho es que esa serie fue un boom en Galicia. No es que tuviera cierta relevancia, es que aquella serie marcó un hito: de repente empezó a romper las audiencias –en Galicia se convirtió en un fenómeno social además, porque retrataba una parte de la sociedad gallega que prácticamente no se había visto reflejada en la ficción, trabajando variantes dialectales a nivel lingüístico–, con lo cual aquello fue una revolución absoluta. A nivel televisivo y a nivel social, porque de la noche a la mañana gente que llevábamos ya unos cuantos años dentro de la escena teatral –y también de la televisión, pero siempre en cosas más esporádicas, una generación desconocida–, nos convertimos en las personas más famosas del momento en Galicia durante varios años. Lo que pasó es que yo lo dejé relativamente pronto. En paralelo, justamente estaba empezando a tener mis primeros personajes más o menos relevantes en  cine, cuando hice la primera temporada de Mareas vivas y rodé Flores de otro mundo (1999) con Icíar Bollaín. Las dos cosas empezaron a moverse en paralelo, pero a mí me interesaba más hacer cine en ese momento y me tiré más por ahí. Dejé la serie relativamente pronto, cuando llevaba un año. Los compañeros siguieron cuatro o cinco años más.

“Nos convertimos en las personas más famosas del momento en Galicia durante varios años”.

 

Los lunes al sol (2002, Fernando León) te supuso tu primer Goya, a mejor actor de reparto. ¿Te abrió muchas puertas?

Fue muy importante para todos porque la película, aparte de ser un éxito de taquilla y de crítica, coincidió con todo lo que estaba ocurriendo justo después: el desastre del Prestige, el ‘No a la guerra’… Todo eso consiguió mucho movimiento social. Los lunes al sol se convirtió en algo que iba mucho más allá de lo cinematográfico, fue como un emblema de una lucha civil por ciertas cosas que estaban ocurriendo en ese momento y que fueron muy desastrosas para el país. Una, un desastre medioambiental de los peores que hemos sufrido, y otra, porque nos metieron en una guerra donde no pintábamos nada.

 

Al año siguiente ganas ya el Goya al mejor actor protagonista con Te doy mis ojos (2003, Icíar Bollaín), que también te dio la Concha de Plata en San Sebastián, premio de la Unión de Actores, Fotogramas de Plata… ¿Fue el antes y el después?

No sé si fue exactamente ahí. Evidentemente con Te doy mis ojos, al ser un personaje protagonista y conseguir la Concha de Plata con Laia Marull, fue una especie de colofón también. Pero yo creo que casi Los lunes al sol en ese sentido fue más determinante, porque me colocó en otro plano, como también lo hizo Flores de otro mundo en su día. De alguna manera, todos estos movimientos fueron como peldaños de una escalera que me colocó en un lugar privilegiado dentro de la profesión. Empiezan a llegarte cosas más interesantes, con más sustancia. En aquella época alternaba personajes con bastante chicha con personajes muy pequeños, cosas muy secundarias, tampoco es que se definiese la cosa ahí. Ahora, con la perspectiva del tiempo, parece que las cosas ocurrieron de forma meteórica, pero en realidad los lapsus de tiempo eran bastante amplios; para mí era más gradual de lo que pueda parecer ahora.

 

Celda 211 aunó de una forma muy poderosa crítica y público”.

 

Tu carrera en cualquier caso siguió firme hasta que en 2009, gracias a Celda 211 (Daniel Monzón), consigues ya tu tercer Goya. Malamadre creo que es uno de los ‘malos’ más carismáticos de nuestro cine, de los que más recuerda la gente. ¿Estás de acuerdo?

Si lo dices así claro que estoy de acuerdo, me parece maravilloso. Sí que es verdad que esa peli aunó de una forma muy poderosa crítica y público, prácticamente ha gustado a todo el mundo. Todavía no me he encontrado a nadie que no le haya gustado (o por lo menos, no me lo han dicho). Hay mucho consenso y, curiosamente, se abrió a un público muy amplio. Por ejemplo, la población gitana. Yo todavía no había tenido ningún trabajo que hubiera trascendido entre ellos y, de repente, con ese personaje sí que me convirtió en un referente para ellos también; porque además por esa época yo pasaba mucho tiempo por la zona de Cascorro, Ribera de Curtidores y por ahí (centro de Madrid), y esa percepción la tuve de manera muy directa. Eso me dio la medida de lo que estaba pasando en aquel momento.

Luis Tosar interpreta a Malamadre en Celda 211. © José Haro

 

En 2011 protagonizas Mientras duermes, un thriller de Jaume Balagueró. A mí me pareció de las mejores películas españolas de aquel año, pero me sorprendió que no se llevase ningún Goya. ¿Crees que desde la Academia de Cine y, desde los premios en general, se ignora de algún modo al cine de género?

No suele tener mucha suerte, a menos que sea ya vocacionalmente de género pero un poco diseñado para el  mundo de los premios. Hay pelis que aun siendo de género tienen cierta vocación premiable, por así decirlo, porque apelan a otras cosas que van un poco más allá. Lo que es género puro, como podía ser esto, lo tiene más difícil. En general, salvo contadas excepciones como puede ser el Hannibal Lecter de Anthony Hopkins y cosas por el estilo, es raro que se den premios a asesinos, a acosadores, a personajes tan oscuros. En el caso de  Malamadre era un personaje que producía simpatía en el espectador, porque estaba pensado un poco así: tenía que ser de alguna manera el antihéroe pero también un poco el héroe de la peli, por así decirlo. Estaban los personajes un poco cambiados con el Calzones, que era el tipo que conducía la trama, que tenía que ser el que originaba todo el conflicto, que tenías que estar con él preocupado de lo que ocurría, pero se encontraba con otro que supuestamente iba a ser el antagonista y que de alguna manera se convertía en el tipo simpático y querido. Eso lo hace susceptible de ser premiado en algún momento. Otros personajes que son claramente oscuros y que no dejan ningún resquicio para la piedad es difícil que se premien. Siempre hay algo en los premios que el ser humano dice: “No puedo premiar a este hijo de la gran puta” [Risas].

En 2012 doblas a uno de los personajes de O apóstolo (El apóstol, Fernando Cortizo), una película muy especial, hecha en stopmotion, ambientada en el folclore gallego y la última en la que participó Paul Naschy. ¿Fue tu primera incursión en el mundo del doblaje?

No recuerdo muy bien si fue la primera, he hecho varias cosas. Pero en ese caso rodamos la película nosotros mismos. Todo eso se capturó en vídeo y, a partir de ahí, los animadores hicieron la peli; no fue un doblaje como cuando haces la versión española de algo. No eran voces de doblaje, eran voces de rodaje.

Ahora estrenas En los márgenes, que supone el debut de Juan Diego Botto como director. ¿Qué tal se desenvuelve tras la cámara?

Sorprendentemente bien. No es que me haya sorprendido mucho, porque yo ya conocía el talento de Juan para todo lo que hace, es un grandísimo actor, director de teatro… Se podía suponer que iba a hacerlo bien, pero me sorprendió la desenvoltura con que lo hizo. Y lo hizo con toda la maquinaria que supone una película, que siempre es más compleja a nivel de logística que una obra de teatro. Supongo, también, que por la familiaridad que él tiene al haber rodado miles de películas, pero lo vi extrañamente tranquilo; llamaba la atención. El material que manejaba, escrito por él, era un material ya muy hecho a sí mismo, muy posado dentro de sí. Sabe el mensaje que quiere transmitir, cómo lo quiere transmitir, de qué manera quiere que eso llegue al público… Todo esto le ha dado el aplomo y la seguridad para estar tranquilo con lo que estaba haciendo. También hemos tenido mucha suerte, hemos tenido muy buen equipo para hacer la película, estábamos muy conectados, todo el mundo estaba muy sensible con el tema de la película y con la responsabilidad de lo que íbamos a contar y cómo lo teníamos que contar. Cuando hay un equipo muy cómplice supongo que para el director y para los actores todo se vuelve más sencillo.

 

 

Si quiere leer la entrevista completa, pida la revista Influencers en su quiosco o acceda a la versión digital que podrá encontrar aquí.

 

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Jesús Casañas

Jesús Casañas

Amante del cine de género (terror, ciencia-ficción, fantasía, anime…), el rock (rock&roll, hard rock, punk, metal…) y la montaña. Jesús (Madrid, 1981) se licenció en Periodismo y Economía en la Universidad Carlos III de Madrid a la vez que estudiaba música en la Escuela-Conservatorio Manuel Rodríguez Sales de Leganés, ciudad del sur madrileño donde ha vivido desde que nació. Lleva más de quince años escribiendo sobre cultura (música, cine, series, cómics, literatura…) en los principales grupos editoriales: Vocento, Prisa, Grupo Zeta, Hachette Filipacchi… En los últimos años se ha especializado también en el periodismo de viajes. Sobre todos estos temas escribe actualmente en Influencers, así como en otras revistas y portales especializados como Traveler.es, MondoSonoro, Neo2, Rock Estatal, BAO Bilbao o Pasando Página. También toca en el grupo Palabras Necias, con quienes ha publicado dos discos: Nunca nadie hizo tan poco en tanto tiempo (2015) y Noche de Walpurgis (2017).

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