Moda de usar y… reutilizar

por | 4 May 2021

La mayor conciencia ecológica y de consumo responsable de la sociedad está provocando cambios en algunas industrias, que parecen encaminarse a modelos colaborativos, de economía circular e incluso de pago por uso en lugar de posesión. La moda es el paradigma del que podría ser el modelo económico del futuro.

Pocas cosas hay tan personales como la moda, que hace mucho tiempo que superó su función básica y
primigenia en la sociedad para convertirse en una forma de expresión que entronca con lo más íntimo de cada individuo. A través de la moda se habla y se cuenta al mundo quiénes somos, qué pensamos y qué buscamos. Y lo hace en cualquier sentido imaginable: desde quien busca demostrar su poder económico, hasta quien defiende su ideario político e incluso religioso a través de la ropa.

En paralelo, la moda es un negocio. ‘Como todo’, podrán decir. Y estarán en lo cierto. Pero la moda ‘lo es más’: solo en España, el sector supone el 13% del comercio y el 3% del Producto Interior Bruto (PIB), según datos del sector recogidos por El Economista. En comparación, el turismo representa el 12,4% del PIB de España, con datos prepandémicos de 2019. Pero, mientras que no todo el mundo viaja (se calcula que casi la mitad de los españoles nunca han salido del país), todo el mundo viste ropa.

Es cierto que el sector textil tiene un peso relativo en España, aunque nada desdeñable. Si se mira a nivel venta, en nuestro país ha nacido el mayor distribuidor de ropa del planeta, Inditex. Si se mira a nivel productivo, el peso de Asia a la hora de fabricar es incontestable. La facilidad para fabricar gigantescas cantidades de ropa en poco tiempo y a bajo precio han convertido al continente, y en particular a algunos de sus países, en los líderes.

Según How Much, China exporta cada año productos textiles por valor de 158.000 millones de dólares. España, diez veces menos.

Se considera a la moda la segunda industria más contaminante

 

Fast Fashion: Estrenos cada semana

La cuestión de fondo es que esta facilidad para fabricar ropa barata ha creado un modelo económico consecuente con esta naturaleza: el llamado fast fashion. Si la alta costura se caracteriza por crear varias colecciones al año -generalmente una por estación o incluso dos únicas colecciones, aunando en ellas otras tantas estaciones-, el fast fashion crea prácticamente una colección a la semana. La clave de este
negocio está en ofrecer al consumidor novedades sin límite y de forma constante, de manera que el acto de visitar la tienda se convierte en un hobby en sí mismo, envuelto en sorpresa ante la posibilidad de encontrar algo inesperado. El hecho de que la colección sea efímera obliga a tomar una decisión en el momento: comprar esa prenda u olvidarse de ella para siempre. Porque la semana que viene ya no estará en ninguna tienda, aunque sí en millones de armarios.

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Ahora bien, este modelo, que no es intrínsecamente malo, sí tiene consecuencias. Como todo en esta vida. El hecho de fabricar ingentes cantidades de ropa para venderla a miles de kilómetros de sus futuros puntos de venta conlleva un coste ambiental a tener en cuenta. Naciones Unidas considera al sector textil el segundo más contaminante del mundo. Y la experta en moda sostenible Laura Opazo explica que el 10% de la huella de carbono es imputable a este sector. “Si no tomamos medidas al respecto, dentro de 20 años esta industria será la responsable de una cuarta parte de la emisión mundial de carbono”, alerta. Por no hablar de los residuos que se generan, estimados en más de 90 millones de toneladas al año, de los cuales entre el 75 y el 85% simplemente se destruyen.

Emerge un movimiento de consumidores que apuesta por reutilizar la ropa, lo que ha creado un nuevo subsector textil

 

Moda circular

Si bien el sector trabaja, o eso dice, en nuevas fórmulas que permitan desde ahorrar recursos (sobre todo agua) hasta utilizar materiales procedentes del cultivo ecológico y sostenible, quienes están empujando al sector hacia una nueva realidad son los consumidores. Y lo están haciendo a través de un cambio de mentalidad que abandona esta fugacidad consumista y apuesta por prendas con mayor vida útil. Se observa en una doble vertiente: por un lado, algunos consumidores empiezan a apostar por prendas más caras, pero de mayor calidad. Sería una vuelta a aquellos orígenes en los que se tenía menos ropa.

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Por otro lado, se observa cómo cada vez gana más adeptos el sector de la ropa de segunda mano, reutilizada o reciclada. “Hay una especie de conciencia social de que no podemos seguir cargándonos el planeta, y eso lleva a reutilizar y reciclar en todos los ámbitos, no solo en la moda”, explica Nacho San Martín, propietario de Ekeko Clothes, una tienda de ropa reciclada y vintage del madrileño barrio de Malasaña, donde abundan comercios de este tipo. “Nosotros tenemos dos clases de usuarios: quienes compran porque la marca les sale más barato y quienes lo hacen porque les gusta ese valor añadido de que están ayudando al planeta”, destaca. Usuarios “de 25 años hacia arriba”, subraya, y que incluso rechazan las bolsas o aseguran que compran en este tipo de tiendas porque venden ropa que, en ocasiones, tiene varias décadas de vida y sigue intacta.

Este tipo de tiendas ofrecen productos que combinan no solo esta conciencia ecológica, sino que juegan con la exclusividad: al vender ropa vintage, cada prenda es exclusiva. Se mezcla la voluntad por hacer un consumo responsable reutilizando prendas con el hecho de comprar y vestir un producto exclusivo del que seguramente no existan muchas más unidades en el mundo. Precisamente lo contrario que el fast fashion, donde se fabrican millares de piezas idénticas que terminará vistiendo media humanidad. “No creo que se termine sustituyendo al fast fashion porque se dirige a un consumidor al que le da igual todo, solo quiere buen precio”, apunta el propietario de Ekeko Clothes. Simplemente es un nuevo mercado con potencial de crecimiento y un componente de economía circular que pronto veremos en más sectores, al hundir sus raíces en un cambio social más profundo. “Este nuevo modelo económico trata, en definitiva, de desvincular el desarrollo económico global del consumo de recursos finitos”, afirma la experta Laura Opazo. Y eso aplica tanto a la moda como a cualquier sector imaginable.

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Miguel Ángel Ossorio Vega

Miguel Ángel Ossorio Vega

Periodista. Especialista en tecnología y transformación digital.
  

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