Saúl Craviotto: «Mi objetivo es el oro olímpico»

por | 23 Ene 2023

Saúl Craviotto es embajador de CUPRA (c) Mikel Prieto

 

Decir que Saúl Craviotto es una leyenda no es algo novedoso. Con trazo firme, el piragüista español ha conseguido, con su indudable pasión y buena disciplina, escribir sus logros en la historia del deporte mundial.

Con apenas un año, Saúl ya ponía un pie en la barca. Su padre le acompañaba y se convirtió en uno de sus planes favoritos de fin de semana. De él aprendió los movimientos del kayak y, también, a soñar. Como cualquier niño, estos no tenían límites, aun cuando fueran tachados de ambiciosos. Él quería competir en unos Juegos Olímpicos. Y así, en 2008, su deseo se hizo realidad con sus primeros Juegos. Una experiencia que ya ha repetido en otras tres ocasiones.

 

La pasión por el piragüismo se la inculcó su padre, quien todavía sigue compitiendo (Cortesía de Hockerty)

 

Su nombre ha sido laureado en todos ellos. En especial, hace dos años, cuando se convirtió –junto a la nadadora Mireia Belmonte–, en el abanderado español de los Juegos Olímpicos de Tokio. Una decisión que partió de su experiencia, aunque sus cinco medallas olímpicas también jugaron su papel. Hasta la fecha, él se ha convertido en el atleta español más galardonado en la citada competición internacional. Comparte podio con el también piragüista David Cal.

En los próximos JJ. OO., que se celebrarán en la capital francesa en 2024, busca romper este empate. Lo tiene claro, quiere el oro. Es su meta, su objetivo deportivo. Y sí, matizamos y clasificamos su propósito porque, a diferencia de otros deportistas, el piragüismo, pese a la profesionalización que no ha cesado de brindarle en los últimos años, no es su ocupación principal.

Con una personalidad que se podría tachar de multifacética, Saúl Craviotto no cesa de probar. Es policía, sí. Pero eso no le ha impedido tantear nuevas facetas. Hasta aquellas que jamás hubiéramos imaginado. Y, en parte, son ese atrevimiento y ese afán los responsables de que su rostro y su nombre se conozcan de manera popular, independientemente de que se pueda tener mayor o menor interés por su disciplina deportiva. Un detalle que no todos los atletas podrían asegurar.

De esta manera, le hemos visto preparar entre fogones platos a la altura de estrellas Michelín, ha escrito y publicado un libro recopilando sus vivencias y, también, se puso recientemente delante de las cámaras como copresentador de un programa. Sin embargo, en esto último, ya tenía experiencia. La definición y trabajada musculatura ha fomentado que se convirtiese en el rostro de varias campañas de firmas textiles. La última ha sido Hockerty, la firma a medida encargada de vestir al medallista olímpico durante esta temporada.

Con motivo del lanzamiento, charlamos con él sobre su trayectoria, sus sueños y sus nuevas ambiciones.

 

Saúl, se podría decir que diste tus primeros pasos sobre la piragua con tu padre, pero ¿qué te empujó a querer competir en esta disciplina y no en otra?
La pasión por el piragüismo me viene de familia. Es cierto que de pequeño practiqué un montón de deportes como fútbol o kárate, entre otros, pero nunca he experimentado nada como lo que sentía y siento en la piragua. Siempre ha sido el deporte que más me ha gustado. Supongo que crecer viendo a mi padre competir me incentivó. Además, desde pequeñito, él se encargó de inculcarme los buenos valores del deporte. Recuerdo que, cuando nos íbamos de vacaciones, en la baca de nuestro Renault 11 siempre iba una piragua. Allí donde fuéramos. Me encantaba.

 

“Da igual si algo te gusta si luego no le sumas esfuerzo, sacrificio o no te dejas aconsejar”

 

Después de más de veinte años compitiendo, ¿dirías que tu relación con el deporte ha cambiado?
Mentiría si dijese que no. Al fin y al cabo, con los años mi lista de prioridades ha ido cambiando. Claramente, a los 18 o 19 años, la energía y los propósitos eran otros que los que tengo ahora con tres niñas. Pero sí que es cierto que los valores que me transmite el deporte me han ayudado a madurar dentro y fuera de este. A ver las cosas con otra perspectiva. Por eso, aunque cambien, para mí la vida y el deporte no dejan de estar siempre unidos.

 

Por otro lado, hace unos meses te proclamabas campeón del mundo en Canadá, lo que ha incentivado que seas uno de los deportistas más laureados y reconocidos tanto en España como en el ámbito internacional, ¿qué se siente?
La verdad es que procuro no pensarlo mucho; da vértigo. No obstante, me siento muy reconfortado con ello. En lo personal, no te voy a mentir, me hace sentir muy bien. Sobre todo, con esta última medalla. Llevábamos preparándola muchos meses. De hecho, si no recuerdo mal, empezamos a prepararnos este Campeonato del Mundo en octubre de 2021. Por eso, llegar allí y conseguir el oro… fue una satisfacción de felicidad y orgullo indescriptible y, también, cierto alivio; sabemos que hay muchos ojos mirando.

 

Hablas de presión, nerviosismo, preparación…, pero ¿qué crees que se necesita para llegar a ser el número uno?
Llevo varias décadas en el equipo nacional, peleando y luchando por estar arriba y, la verdad, de esa experiencia puedo decir que la clave está en hacer lo que te gusta. Como se suele decir, cuando algo te gusta, por muy pesado que sea, cuesta menos moverlo. Y eso, se nota. Pero no es la única clave. Si luego no le sumas esfuerzo, sacrificio o, incluso, si no te dejas aconsejar… no sirve de nada esa pasión. En ese sentido, yo me siento muy afortunado de estar rodeado de un gran equipo y se nota; es mucho más sencillo y cómodo todo.

 

Saúl Craviotto y Mireia Belmonte fueron los abanderados en Tokio 2020 (c) COE

 

Con 16 años ganaste tu primera medalla de plata y, desde ese momento, no has parado de sumar, pero, si tuvieras que elegir, ¿con cuál te quedarías?
Es complicado de responder, pero, quizás, diría la de Pekín. Fue mi primera medalla olímpica y le tengo mucho cariño por todo lo que significó, por ese querer y poder. Aunque tengo que reconocer que la última de los Juegos Olímpicos en Tokio ha sido muy bonita por todo lo que conllevó; al final, fue un ciclo olímpico durísimo con mucha incertidumbre y miedo por la pandemia que estábamos viviendo. Parecía que no iban a llegar, que no se iban a celebrar.

 

Hablando de los JJ. OO., París 2024 se acerca, ¿con cuanto tiempo empiezas a prepararlos y cómo?
En general, todas las rutinas están enfocadas con el objetivo de esa competición. Terminan unos Juegos y, al día siguiente, ya tienes el foco en los próximos, y sigues el calendario que tu entrenador ha ideado. El plan de entrenamiento suele estar dividido en función de cuatro años o, en este caso, de tres. Cada bloque cambia. Por ejemplo, el primer año se realizan ejercicios más tranquilos, más aeróbicos. Luego, se pasan a los movimientos más anaeróbicos y se va incrementando la intensidad.

 

Y en la pasada competición olímpica, ¿afectó mucho el covid-19 a vuestra planificación a la hora de entrenar?

Posado del deportista Saúl Craviotto como ganador de la 2ª edición del concurso MasterChef Celebrity (22/11/2017) (C) GTRES

Bueno, todo se paró. No obstante, yo volvía a casa del trabajo e intentaba seguir con la planificación marcada. Sí que es cierto que, de cara a las competiciones, la policía da muchas facilidades en cuanto a horarios. Además, existe una especie de excedencia por si tienes que ir a competir, por ejemplo, a otro país.

 

“Creo que hay que saber retirarse y dejar espacio a las nuevas generaciones”

 

Alejándonos un poco del piragüismo, tras tu paso por MasterChef… ¿te ves con ánimos de volver a la televisión?
No lo he pensado, pero ahora mismo diría que no. No es mi medio natural. Soy bastante tímido, aunque parezca que no y, la verdad, es que el talent culinario era de los pocos donde me podía llegar a imaginar. Pero, en otros, no… yo ya voy anunciando que el calor y el hambre no los llevaría bien.

 

 

Si quiere leer la entrevista completa, pida la revista Influencers en su quiosco o acceda a la versión digital que podrá encontrar aquí.

 

 

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Marina Vázquez

Marina Vázquez

Periodista. De generación Z, pero gustos millennials. Amante de lo royal, las letras y la pintura. Austen y Schiele, siempre.

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