Skip to main content

Un mundo sostenible necesita más amantes de los trenes

Pedro Ruiz| 23 de julio de 2022

El ferrocarril cambió el mundo una vez, y pese a que de ello han pasado varios siglos, la icónica máquina rodante promete volver a hacerlo. Así, un planeta más sostenible exige tanto de una mayor red ferroviaria como de más trenes. Un plan que, sin embargo, tiene todavía muchos frentes (y retos) abiertos.

En la actualidad, un mayor uso de los trenes ya supondría una reducción importante de las emisiones de gases de efecto invernadero. La Agencia Europea del Medioambiente calcula que un viaje en tren genera, de media, hasta un 80% menos de gases contaminantes que uno en avión y entre un 40 y un 50% menos que hacer el mismo recorrido en autobús. Por ello, las autoridades europeas tienen grandes ambiciones para aumentar el uso del ferrocarril como forma de reducir las emisiones de carbono.

Pero no es algo que se pueda conseguir fácilmente. Al fin y al cabo, solo el 8% de la distancia recorrida por tierra en la UE fue con el ferrocarril. La hoja de ruta europea incluye dos pilares básicos: por un lado, aumentar las infraestructuras, en especial, aquellas que conectan los países. Por otro lado, el de aumentar el número de trenes en circulación, sobre todo aquellos que funcionan a través de la red eléctrica, ya que las cifras de la Agencia Europea no contemplan las líneas contaminantes que funcionan con diésel.

El primer objetivo busca consolidarse en el corto plazo, ya que reduciría las emisiones de carbono directamente. Pero se encuentra con el problema de que las actuales redes que van de país en país son tan escasas como ineficientes. Un buen ejemplo de ello son las redes entre España y Francia. El territorio español cuenta con una de las infraestructuras de alta velocidad más extensas y mejor dotadas del mundo, gracias al esfuerzo continuado de Adif y Renfe. Por su parte, la red gala también es de alta calidad, pero cuando se unen una y otra en la frontera la cosa cambia, lo que dificulta que los trenes continúen su camino de un país a otro.

 

El territorio español cuenta con una de las infraestructuras de alta velocidad más extensas y mejor dotadas del mundo, gracias al esfuerzo de Adif y Renfe.

 

Francia e Italia apenas han comenzado a excavar túneles bajo los Alpes para unir sus redes. Las rutas de alta velocidad entre Berlín y ciudades centroeuropeas como Praga y Viena todavía están en etapa de planificación. Incluso, el viaje de Bruselas a Luxemburgo puede tardar una hora más que en 1980. Para ofrecer una solución a este problema, el llamado Mecanismo para Conectar Europa de la UE y otros programas han presupuestado 86.000 millones de euros para el ferrocarril entre 2021 y 2027. Pero su desembolso se está ralentizando, lo que dificulta iniciar proyectos sólidos y ambiciosos.

El segundo objetivo, pese a ser a más largo plazo es más sencillo. Al fin y al cabo, las infraestructuras creadas serán eléctricas y la intención de que los viajes de hasta 500 kilómetros sean neutros en carbono se irá logrando a medida que las energías renovables ocupen un mayor peso en el mix energético de los países europeos. Aun así, todavía quedan otros desafíos como convencer a los pasajeros de usar el tren y no los aviones. Aunque probablemente ese último paso será más fácil a medida que más operadores se extienden por el territorio europeo y hacen más asequibles los viajes.

OTROS ARTÍCULOS DE ESTE AUTOR
NOTICIAS RELACIONADAS

Suscríbete ahora

LO MÁS DESTACADO