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Ana Juan: Exquisita dibujante visceral

Juan Carlos de Laiglesia| 5 de junio de 2026

El arte de Ana Juan ha ‘tomado’ durante tres meses toda la quinta planta de CentroCentro, en el madrileño Palacio de Cibeles. La espléndida Wunderkammer es la muestra más reciente de las capacidades de una dibujante que extiende su grandeza artística a la escultura y la animación. 


Nacida en Valencia y formada en la Escuela Superior de Bellas Artes de esa ciudad, se dio a conocer en revistas de vanguardia madrileñas en los años 80 como La Luna de Madrid, saltando después a los grandes diarios y hasta 25 portadas para The New Yorker, varios libros y exposiciones. Entre sus reconocimientos está el Premio Nacional de Ilustración del Ministerio de Cultura y varias medallas de la estadounidense Society of Newspaper Design. 

¿Cómo empezó todo? 

De la forma más sencilla del mundo. Todos los niños dibujan y luego lo suelen dejar, pero yo continué porque ese es mi lenguaje. El dibujo se consideraba una disciplina menor, una especie de apoyo, como un boceto o algo así, pero era lo que me gustaba y decidí que, para poder seguir dibujando, tenía que seguir el camino de la ilustración. También por amor a los libros y porque creo que el arte puede estar en cualquier lado, no solo en la pintura o la escultura. 

Te atribuyen decenas de influencias… ¿Con cuáles te quedas tú? 

Dentro de un mundo onírico, todo es una influencia: algo que has visto, lo que estés leyendo en ese momento, una conversación, un disgusto, una alegría… Todo son conexiones. Y detrás está la necesidad de contar historias. El hombre necesita contarse y contar historias para sobrevivir porque estamos hechos de historias, pero es el espectador quien tiene que recogerlas. 

Detalle de la exposicion Wunderkammer, CentroCentro (c) Andres Arranz

Tuviste una experiencia japonesa en el 94. 

Gané una beca y fue el viaje de mi vida porque ir a aquel Japón sin móviles ni internet… Aquí no había restaurantes japoneses, nadie sabía lo que era un sushi, y el manga estaba denostado porque éramos todos muy divinos y no tenía la calidad suficiente… Aterricé allí tres meses y luego, cuando vi la película Lost in translation, me resultó muy familiar. No sabes muy bien qué haces allí, todo lo que hagas siempre va a estar mal hecho, pero no importa. 

¿Por qué “mal hecho”? 

Porque ellos tienen sus lenguajes y sus códigos, que son muy diferentes a los tuyos. Decir ‘no’ y decir ‘sí’ significan más cosas, o eso de poder expresar ‘vete’ sin palabras, con un gesto… 

¿Qué te transmitió Japón? 

El amor por el trabajo bien hecho. El honor consistía en hacer un trabajo y servir a una sociedad. No podías estar sin hacer nada y cualquier pequeña labor servía para que la sociedad funcionase. Por ejemplo, no existe la propina porque si ya haces un trabajo bien no necesitas que te paguen un poco más para hacerlo mejor, lo que sería servilismo. Esas cosas me gustaron mucho. Conocí a muchos artistas de manga, sus talleres, su forma de trabajar…, pero vi que eso no era lo mío. No necesito que nadie me explique la noción del trabajo porque yo misma ya la tengo muy asimilada. 

“Me preocupa bastante ver cómo se utilizan las mentiras y las noticias falsas porque está trastocando nuestra forma de acercarnos al mundo. Es bastante fuerte no poder discernir entre lo que es verdad y mentira”

Has declarado que ahora no podemos diferenciar la verdad de la mentira. 

Estamos en un mundo bastante peligroso. Estos días, por ejemplo, están pasando imágenes de la guerra de Irán en los informativos y tienen que decirte: “Esta imagen es falsa” o “esta imagen es verdadera”. Es bastante fuerte no poder discernir entre lo que es verdad y mentira y adónde nos llevará esto, porque no puedes hacer más que intentar verificar la información que te llega. Está trastocando nuestra forma de acercarnos al mundo, y me preocupa bastante ver cómo se utilizan las mentiras y las noticias falsas. 

Con tantas portadas de asuntos trágicos como has realizado, ¿Cuál sería tu portada para estos días, con otra guerra en marcha? 

Es exactamente en lo que estoy ahora mismo. Me acaban de mandar un mensaje esta mañana diciendo (bueno, a mí y a otros muchos): “¿Podéis buscar algo para este momento?”. 

Porque eres especialista en temas difíciles. 

En un libro sobre las portadas no publicadas del New Yorker (que muchas veces son mejores que las publicadas, pero eso ya depende de las editoriales y de la actualidad) tengo el honor de encabezar el capítulo titulado “Crisis, conflictos y catástrofes”. En este capítulo la editora escribe que yo podía llegar a mostrar un resquicio de belleza dentro de lo que era una tragedia. Que conseguía dar una visión del tema, si no amable, al menos que el público no la rechazase, sino que se metiese en el tema. Y es que no hay que dibujar sangre ni cabezas cortadas para mostrar dolor. Sabiendo lo que está pasando, hay que mostrarlo de otra forma. Para eso están las metáforas, ciertos giros, los colores… Hay muchos recursos que se pueden utilizar y, bueno, también hace falta que el editor esté de acuerdo. 

Yo recordaba una Ana Juan más festiva en los 80 y ahora veo tu lado gótico, trágico… ¿Son temas que te encargan o que eliges? 

Porque ilustrar la vida de la niña Helen Keller, sordomuda y ciega, en un libro para niños… se las trae. En la vida pasa todo a la vez. Podemos reír y llorar al mismo tiempo. A mí me gustaría hacer cosas más amables, porque la vida es bonita…, pero siempre me tienen que tocar este tipo de temas. Una asociación me pidió hacer ese trabajo y ¡como casi no me gusta meterme en charcos! [ríe] Es imposible entender lo que sentía esta niña. Ella no sabía si estaba viva o muerta porque no tenía conciencia de su cuerpo ni de la vida que le rodeaba. No podía articular palabra, tampoco podía escuchar ni podía ver… Pero yo nunca me conformo con lo que estoy haciendo, tengo siempre una necesidad de superación, de hacer otras cosas. Y una gran curiosidad. 

Tus siluetas de mujer parecen pasadas por rayos equis, repletas de formas y colores. 

Porque la piel es el campo de batalla de nuestra vida, donde todas las batallas que has pasado dejan una cicatriz, un poso. La piel se convierte en una especie de lienzo que refleja todo lo que tú hayas hecho, dicho y todo lo que te ha ocurrido. 

Con los animales te veo más lúdica. Por ejemplo, esa liebre danzante que tienes en la web y que dibujas asiduamente. 

La liebre es un animal misterioso. Me gusta físicamente y tiene un punto extraño. Además, creo que significa fortuna, evolución y continuidad en la vida, lo que no está nada mal. 

Dices que, frente a cada obra, partes más del estómago que de la cabeza. 

Soy muy visceral y no tengo más remedio que seguir ese instinto porque cuando me he forzado a hacer algo lo he acabado pagando. Cuando he pensado con la cabeza y he aceptado algo porque “me conviene hacerlo”, me he equivocado. Y lo mismo me ocurre con las personas. Claro que también puedes equivocarte con las cosas que eliges, pero eso es tu responsabilidad y no pasa nada. 

¿Cuál es la historia de esa proyección tan colorida de doce metros que se ha visto en CentroCentro? 

Es un video de animación que nos encargaron para la última gira de Joaquín Sabina, Hola y adiós. Me dieron a elegir entre unas cuantas canciones para ilustrar y elegimos Peces de ciudad. Se hizo exclusivamente para esa gira y allí se proyectaba en una pantalla de 35 metros cuando hacían la canción.


Audiovisual Peces de ciudad (c) Andrés Arranz

Animación, grandes formatos, esculturas… ¿Son evoluciones naturales de tu arte? 

El dibujo siempre se asimila a tamaños pequeños, pero puede llevarse a otras dimensiones y a cualquier tamaño que te pida. Y con la escultura o la animación pasa igual. Soy dibujante, estoy acostumbrada a trabajar con volúmenes y siento como una necesidad de llevar las imágenes que he construido en dos dimensiones a la tercera dimensión, darles más vida, hacer que se muevan y que tengan otro lenguaje.  

¿Sigues el mundo del arte? 

No me verás en ferias de arte ni en muchas exposiciones. Yo creo que la creación artística es algo más personal y no puede estar al servicio del mercado. Lo importante y lo más difícil en este mundo es mirarse al espejo, aceptar lo que uno es y trabajar con ello sin dejarte llevar por modas. A lo mejor soy demasiado purista, pero para hacer lo que otros quieren ya tengo las ilustraciones de encargo donde también hago lo que quiero, aunque de otra forma. 

Coincidimos en admirar la película La noche del cazador

Una chica me preguntó qué película “sería” yo, y me salió La noche del cazador. No porque sea la mejor que haya visto, sino porque reúne casi todos los elementos que concibo en mi mundo creativo. Es un cuento donde hay niños, hay un bosque, hay un malvado, hay un hada… Un cuento cruel que al mismo tiempo es la vida. Está la maldad, la docencia, el misterio, hay amores… Charles Laughton hizo esa película con una gran delicadeza. 

Si comparas el Madrid de los 80 y el actual, ¿qué piensas? 

Que me han robado el Madrid que yo conocía y del que me enamoré. Un Madrid que era más feo, pero nos salvaba de muchas cosas. Ya no existe ese Madrid creativo. Este lo han construido para otros. También acepto que es una evolución, pero es duro ver cómo desaparecen tantas cosas, sobre todo aquella actitud de ligereza, de frescura. Madrid se ha convertido en una ciudad al servicio del turista que puede pagarlo. Yo, por ejemplo, me tengo que ir de mi casa, en la plaza de Santa Ana, porque no acepto que me suban la renta y me cambien el contrato. Conocía a todos los vecinos, quiénes eran, sus horarios…, pero ya no hay vecinos de enfrente, ni va la gente mayor a la plaza, ni ves perros jugando. Desde la primera reforma que convirtió la plaza en un bloque de cemento, todo eso ha desaparecido y ahora está al servicio de las terrazas. Negocios de otros, porque los bares de la gente del barrio ya no existen. 

“Todo ser humano y todo artista tiene un compromiso con él mismo y con la sociedad en la que vive. El compromiso de aquello que pueda hacer, denunciándolo, diciéndolo… o dibujándolo” 

¿Crees que los artistas tenéis un compromiso particular con la sociedad? 

Todos deberíamos comprometernos con la sociedad en la que vivimos. No te estoy diciendo que yo sea una activista política, pero hay gestos sencillos como tener una buena actitud hacia la persona que te atiende, o no soportar algunas cosas… Hasta que no haya una igualdad total, una mujer tiene que seguir siendo feminista y no bajar la guardia. Todo ser humano y todo artista tiene un compromiso con él mismo y con la sociedad en la que vive. El compromiso de aquello que pueda hacer, denunciándolo, diciéndolo… o dibujándolo. 

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