Comer insectos: bueno para la salud… y el planeta

por | 19 Abr 2017

Uno de los mayores retos a los que se enfrenta la humanidad es el de encontrar los recursos suficientes para alimentar a 10.000 millones de personas que habitarán la Tierra en el año 2050. La escasez de agua limitará el cultivo de alimentos, las sequías e inundaciones harán que los precios suban y la demanda de carne será tan alta que deberá controlarse o se pondrá en peligro la sostenibilidad del planeta.

Después de conocer estos datos, los consumidores quizás acaben dejando sus prejuicios a un lado y empiecen a
buscar alternativas alimentarias. Comer insectos es una de las soluciones que propone la OMS para acabar con el hambre en el mundo, mejorar la nutrición y reducir la contaminación.

En la Unión Europea, el uso de insectos como alimento está regulado por el Reglamento sobre nuevos alimentos. Sin embargo, solo en Países Bajos, Francia, Bélgica y Reino Unido permiten su consumo.

En el sur de Francia, concretamente en Toulouse, el emprendedor Cédric Auriol fundó la empresa Micronutris en 2011. Fue la primera empresa de Europa dedicada en exclusiva a la producción de insectos comestibles en granja. La compañía produce 15 toneladas anuales de dos insectos locales: los gusanos de la harina y los grillos. Auriol asegura que su volumen de negocio se ha multiplicado por tres en un año y desde su nacimiento han disfrutado de sus productos más de un millón de personas en toda Francia.

Desde la puesta de unos 500 a 1.000 huevos por parte de la hembra, los grillos necesitan seis semanas de maduración y los gusanos de la harina hasta doce semanas. Los insectos se nutren a base de plantas o cereales de la agricultura ecológica. Después se empaquetan enteros o en polvo. Micronutris cuenta con una amplia gama de productos, tales como chocolates, galletas, barritas energéticas e incluso pasta hecha con el polvo de los insectos.

La cría de insectos tiene un impacto mucho menor en el medio ambiente que las explotaciones ganaderas: necesitan un 50% menos de agua y emiten un 100% menos de gases de efecto invernadero. Desde el punto de vista nutricional, Cédric Auriol asegura que los insectos tienen un 60% de proteínas, frente al 18-20% de un filete. Además, sus insectos son ricos en aminoácidos esenciales, omega 3, vitaminas, fibra y minerales (fósforo, hierro y magnesio).

Por el momento, las grandes desventajas de la cría de insectos son, por un lado, que el proceso no está automatizado, por lo que se requiere la intervención humana en todas las fases, y, como consecuencia de lo anterior, que los costes en el proceso de cría son muy elevados.

El principal desafío de esta nueva industria es acabar con los prejuicios de los ciudadanos, dando a conocer su escaso impacto medioambiental y su poder nutricional. Otra de las claves para que se popularice la entomofagia (el hábito de alimentarse con insectos), es hacer que los productos sean más accesibles a los ciudadanos y se puedan vender a precios más competitivos. Auriol espera que los insectos tengan un coste menor que la carne en tres años.

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