Martín Barreiro: «El chascarrillo de que los meteorólogos nos equivocamos mucho ya apesta»

por | 26 Mar 2021

 

Con la mirada puesta en el cielo por si cae lluvia en Semana Santa, confiamos en Martín Barreiro para el pronóstico más acertado. Él es el meteorólogo dandy de la primera cadena.

Su devoción por Sherlock Holmes (el detective sabía mucha química) le inclinó hacia la investigación y la ciencia desde niño, y un padre matemático le inculcó su pasión por los números. Terminó estudiando física, enamorándose de la aerodinámica, la mecánica de los fluidos y la dinámica atmosférica.

A punto de acabar la carrera, trabajaba como becario en Meteogalicia sobre los modelos utilizados para hacer pronósticos. Surgió una plaza para presentar el tiempo en la televisión gallega, le seleccionaron y no lo pasa bien cuando ve los vídeos de sus primeras apariciones, porque es muy autocrítico… “Es complicado explicar algo que apenas tú entiendes cuando estás empezando. En Televisión de Galicia nos dieron una formación muy intensa de comunicación y a mí, que me encantaba la parte de ciencia e investigación, me fue picando el gusanillo de la comunicación. Esa parte de comunicador ha crecido en mí, aunque sigue habiendo mucho margen de mejora. Me gusta cuando veo que algo queda bien explicado, que la gente lo entiende y genera curiosidad”.

El hombre (o la mujer) del tiempo es un personaje a medio camino entre el divulgador científico y el periodista comunicador que tiene un carisma especial para la gente. Recordemos el bigote que tuvo que afeitarse Eugenio Martín Rubio en los años sesenta por no acertar un pronóstico y la devoción con que seguíamos los oráculos de pioneros como Mariano Medina. Y es que la información del tiempo, sobre todo desde que anda tan revuelto, alcanza las mayores audiencias de los telediarios.

“Las audiencias son muy buenas porque lo que contamos interesa a muchísima gente, y noto un cariño especial cuando me reconocen en cualquier sitio. Un profesor mío decía que el meteorólogo perfecto es el que pasa muchos años en el mismo sitio observando cada día el viento o cómo huele cuando llueve… y toda esa gente con mucha experiencia en observar su entorno me quiere contar sus conocimientos y quiere saber más. Ahora mostramos fotos que envían los televidentes en los espacios de meteorología, porque quieren enseñar su pueblo y lo especial de su microclima”.

«Las autoridades debería hacernos más caso a los meteorólogos cuando avisamos de un riesgo porque tenemos un altísimo nivel de acierto»

Además de científico autocrítico, Martín Barreiro es un personaje afable capaz de reírse de sí mismo cuando procede pero hay una broma que no soporta: “El chascarrillo barato de que los meteorólogos nos equivocamos mucho ya apesta porque no es verdad. Es impepinable que cada vez es más elevado el porcentaje de aciertos y el tema de la fiabilidad es intocable. Intercambiamos muchos datos entre todos los países y centros meteorológicos.

La meteorología es una ciencia sin fronteras porque la atmósfera está conectada y el pronóstico para una provincia no funciona si no tienes datos de las de al lado. Analizamos muchas fuentes todos los días antes de tomar decisiones para las que partimos de una malla casi global sobre la que luego se va haciendo un zoom por zonas. Damos la previsión más probable con un margen de error porque la atmósfera no tiene una solución única, pero el acierto en un pronóstico a corto plazo, sobre los siguientes dos o tres días, es mayor del ochenta por ciento”.

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Su tarea no es solo ‘dar el tiempo’

Con los fenómenos extremos que estamos viviendo, su influencia en nuestra vida cotidiana se ha convertido en esencial y no seguimos al hombre del tiempo para hacer nuestro plan del fin de semana como hace años, sino porque ya condiciona cualquier actividad. “Noto esa responsabilidad”, dice Martín, “me pesa y hay jornadas duras en esa toma de decisiones del pronóstico y de cómo contarlo. A veces ni siquiera queda margen para la distensión porque el pronóstico es tan grave e importante que no puedes relajarte lo más mínimo. Cada vez hay más eventos extremos por culpa del cambio climático y el tiempo tiene más relevancia por su impacto social y hasta vital en muchos casos. Cada vez es más importante el papel del pronosticador porque no basta con decir que va a hacer mucho calor si hay una ola de calor. Hay que avisar de que esas temperaturas suponen un riesgo físico para muchas personas y pueden dar lugar a sucesos graves. Lo mismo con las nevadas, un temporal de viento o de oleaje y una lluvia torrencial”.

Mientras el pueblo llano confía en la fiabilidad de los meteorólogos, Barreiro cree que las autoridades responsables de muchas personas “deberían hacernos más caso del que nos hacen”, y pone como ejemplo la última gran nevada. “Estuvimos advirtiéndolo una semana entera antes de que sucediera, llegué a decir que no hubo una nevada igual desde que existe la ciudad de Madrid, y es que veíamos que iba a pasar y no se estaban tomando las medidas que deberían tomarse. Se debe confiar en nosotros sobre todo cuando existe un riesgo, porque tenemos un alto nivel de acierto. ¿Y qué mal puede hacer tomar demasiadas medidas de protección?, ¿que se gaste más dinero y luego no se tengan que utilizar tantos elementos de protección?, pues me parece mejor eso que lamentar pérdidas”.

 

Frenar el cambio climático depende (un poco) de todos

El meteorólogo, oceanógrafo y climatólogo que nos habla es experto en comunicar el cambio climático que está detrás de estas oscilaciones de temperatura. Las cuatro estaciones a las que puso música Vivaldi parecen haber dado paso a solo dos: una de calor tropical y otra con un frío polar. ¿Va a ser ya siempre así? Todo apunta en esa dirección. “Batir récords es salirse de una norma. Hemos batido récords de calor en los últimos veranos y hace unos días batimos el récord de frío en España. Hay menos etapas transitorias y los extremos de calor y frío están relacionados. Por ejemplo, la gran nevada se formó al mezclarse una entrada de aire frío por el norte con una masa muy cálida del sur”.

«Aunque hacen ruido, los negacionistas del cambio climático solo son una minoría de exaltados con intereses particulares que mienten»

Ante un panorama tan acuciante, Martín Barreiro lanza un mensaje optimista y asegura: “estamos a tiempo de frenar el cambio climático aunque nos parezca estar viviendo ya en una película de catástrofes. La subida de la temperatura global se puede parar. Va a ser un proceso lento pero es mejor hacer algo que no hacerlo. Si sigue subiendo sin control, no vamos a estar preparados para lo que nos espera. Por eso es tan importante que nos exijamos a nosotros mismos y a todas las instancias con poder que se tomen medidas. Es un problema muy, muy gordo del que la inmensa mayoría somos conscientes. Quienes sabemos de cambio climático y nos dedicamos a comunicarlo, sabemos que los negacionistas son solo un pequeño grupo de exaltados con intereses particulares que hacen mucho ruido y que, por algún motivo, dicen cosas que son directamente mentira”.

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Cómo emplea su tiempo Martín Barreiro

Dicen mucho de un hombre sus gustos y aficiones. Gracias a ser hijo de profesores, este lucense tuvo una infancia casi renacentista, iluminada con películas, poesía, música, gastronomía y ciencia. Así se entienden sus habilidades culinarias, su novelesco gusto por la ropa y el placer con que asiste a los conciertos de amigos de todas las edades que, alguna vez, le suben al escenario.

Lo que lee. Fanático de Sherlock Holmes, se sabe de memoria algunos pasajes de estas novelas de Arthur Conan Doyle. Allan Poe y Agatha Christie también figuran en su santuario, o el detective Pepe Carvalho, de Manuel Vázquez Montalbán. Sigue a los autores españoles actuales de suspense como Juan Gómez Jurado y Carmen Mola y la poesía en gallego de Manuel María le cura la morriña.

Cocina y cocineros. Gourmet practicante, “cree hacer bien” el delicioso postre gallego de las filloas, los arroces, el bacalao al pil pil y el sushi. Ha disfrutado en las mesas de Arzak, DiverXO, Paco Roncero, y el Culler de Pau.

El ropero de un dandy. Es un fashion victim fascinado por esas novelas cuyos protagonistas visten de etiqueta para cenar, le encanta la moda clásica de solapas amplias y chalecos a medida. Considera a Tom Ford el mejor modisto para hombre.

Lo que escucha. Su madre le ponía clásica de pequeño, que le sigue gustando. En el pop, pasó del heavy (Metallica, Barricada) al grunge de Nirvana y al indie. Va a conciertos de grupos jóvenes como Carolina Durante (que le dedicaron una canción) o Confeti de Odio y también le gustan el urbano C.Tangana y el gallego Xoel López.

Viajes por hacer. Japón por su cultura e Islandia por sus contrastes, con esos géiseres de tanto calor bajo tierra y ese frío en la superficie.

Los coches. Siempre me ha fascinado la velocidad, y cuando no éramos tan conscientes de la amenaza del cambio climático tuve un pasado muy carbonillas, pero soy congruente con el discurso de reducir emisiones y ahora me interesan más los coches eléctricos y una movilidad más sostenible.

Películas. Vi todo el cine clásico que pude de pequeño. Me encanta Hitchcock, Sed de mal, de Orson Welles… y tuve una etapa muy flipada con Pulp Fiction y la nueva narrativa del primer Tarantino. Ahora veo muchas series de detectives: Lupin, Luther y, claro, el Sherlock de la BBC”.

 

Texto: Juan Carlos de Laiglesia
Fotos: Raúl Tejedor (RTVE)

 

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Juan Carlos de Laiglesia

Juan Carlos de Laiglesia

Juan Carlos de Laiglesia es un hombre nervioso, a veces cordial y otras retraído, aficionado a soñar. Licenciado en Derecho y diplomado en Ciencias Políticas y Sociología, salía tanto de noche que la abogacía le abandonó pronto y desde los ochenta dirigió y/o colaboró en varias publicaciones (Night, La Luna de Madrid, Rock Espezial, El Europeo, MAN, GQ, Gentleman, El Estado Mental, El País Semanal...). En 1993 llegó a la final del Festival de Benidorm interpretando la canción Triste, con letra suya y música de Luis Bolín (La Unión). En lo que va de siglo ha publicado los libros Alejandro Sanz. Por Derecho (Plaza y Janés, 2000), Ángeles de Neón (Espasa–Calpe, 2003) y La tumbona de Peter Lorre (Huerga y Fierro Editores, 2017). En 2018 se incorporó a Influencers como escritor asociado.

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